"Poseo mucho más en la medida en que no consigo nombrar"
Clarice Lispector
***
Una Piedrita Blanca
Empiezo a sentir. Como una piedrita blanca dentro del cuerpo. A veces está en el pecho, otras en la panza. Pero también puede ser en la rodilla o en el espacio detrás de la oreja. Entonces me pregunto despacito, en voz baja y suave, ¿qué es la piedrita? Inmediatamente me doy cuenta que no sé. Que tengo que buscar. Buscar una respuesta. Junto con esta certeza aparece siempre el miedo. De no encontrar. Porque si fallo la piedrita quedará ahí, sin nombre, quieta. Y si fuera así, entonces duele. Duele con un dolor seco y constante, que parece que va a apagarse en cualquier momento pero permanece. Así el miedo de repente es angustia: porque la piedrita está y el dolor se siente.
Quedan dos opciones. Una es continuar la búsqueda. Eso significa que tal vez pueda comprender y el entendimiento, como ingrediente de alquimista, transformará la piedrita blanca en otra cosa. En un amor no correspondido; en el miedo a empezar algo nuevo. Sé que si cambia puede doler más. Pero ya es distinto, porque es un dolor encendido que crece y sobrepasa el cuerpo. Se va escapando lentamente por los poros.
La otra, es tratar de olvidar la piedrita. Dejarla, quieta. Pensando que, por ahí, si tomo mucha agua se vaya. Queriendo que me inunde una alegría suficientemente grande para desbordarme y empujarla hacia fuera.
El peligro es, que a veces, es la misma piedrita la que me impide tomar mucha agua o sentir una alegría bien grande.
Empiezo a sentir. Como una piedrita blanca dentro del cuerpo. A veces está en el pecho, otras en la panza. Pero también puede ser en la rodilla o en el espacio detrás de la oreja. Entonces me pregunto despacito, en voz baja y suave, ¿qué es la piedrita? Inmediatamente me doy cuenta que no sé. Que tengo que buscar. Buscar una respuesta. Junto con esta certeza aparece siempre el miedo. De no encontrar. Porque si fallo la piedrita quedará ahí, sin nombre, quieta. Y si fuera así, entonces duele. Duele con un dolor seco y constante, que parece que va a apagarse en cualquier momento pero permanece. Así el miedo de repente es angustia: porque la piedrita está y el dolor se siente.
Quedan dos opciones. Una es continuar la búsqueda. Eso significa que tal vez pueda comprender y el entendimiento, como ingrediente de alquimista, transformará la piedrita blanca en otra cosa. En un amor no correspondido; en el miedo a empezar algo nuevo. Sé que si cambia puede doler más. Pero ya es distinto, porque es un dolor encendido que crece y sobrepasa el cuerpo. Se va escapando lentamente por los poros.
La otra, es tratar de olvidar la piedrita. Dejarla, quieta. Pensando que, por ahí, si tomo mucha agua se vaya. Queriendo que me inunde una alegría suficientemente grande para desbordarme y empujarla hacia fuera.
El peligro es, que a veces, es la misma piedrita la que me impide tomar mucha agua o sentir una alegría bien grande.
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