Imagina una rueda. De esas viejas, de madera. Gira pesada por el barro y deja una marca. Que es una línea pero es una rueda. Es profunda y lisa. Te habla. Te dice que allí hubo una rueda, aunque no está, ya no está la rueda.
Y lo más terrible es que estés tan seguro. Que fue una rueda, te digo, que no fue otra cosa, ni una víbora, ni un niño pequeño arrastrando sus pies. Una rueda, una rueda que rodaba por el camino con barro. Y dejó su marca profunda, y vos estás tan seguro. Pero no sabés, en realidad no sabés, y nunca vas a saber si fue una rueda o una nena que tenía un bastón y llevaba su bastón por el barro y dejó una marca. ¿Por qué estás tan seguro?
No hay comentarios:
Publicar un comentario