Crónicas, son las pequeñas cosas de la vida. Poesía o algo así... son imágenes que creé. La lúdica, porque a quién no le gusta jugar de vez en cuando. Pequeñas narrativas son historias... o fragmento de historias, porque se trata de construir. Y, por último, Mis citas preferidas, un viaje por mis lecturas que, espero, quieran compartir.

lunes, 25 de agosto de 2008

BRONCA

Cuando las sensaciones son intensas para mí las veo propagarse por mi cuerpo, invadiéndome, como una gota de tinta en el agua: comienza concentrada en algún lugar y luego se difunde. Sólo que la gota no queda encerrada en mí. Sino que se expande al ambiente, me trasciende. El problema es qué hacer cuando no quiero manchar a nadie, no quiero si quiera a veces que nadie sepa de esa emoción.

Hoy me inundó una bronca. Era tan grande que se me veía en el fondo de los ojos, en las manos apretadas, en el rostro tenso. Estoy segura de que si alguien me hubiese visto, hubiera pensado en la amargura que yo tenía dentro. ¡Qué fea es la sensación que se tiene cuando se ve a alguien así! Me hubiera gustado haber pedido perdón a aquellos que me encontraron hoy, yendo por el mundo con esta bronca que tengo adentro, y que no les devolvió mi mirada ganas renovadas de vivir o una profunda sensación de alegría o soltura. Me gustaría darles eso a los que me ven. Pero hoy no. Y también es una parte de ser, aceptar que no hay.

La bronca que tuve es bronca de frustración. La frustración es una puerta a la impotencia y la impotencia a la pequeñez. No es exactamente lo que más deseo para mis días. Queda una certeza que encuentro bellísima de recordar. Tener este miedo, sufrir esta frustración y levantarme mañana sin ganas de hacer nada es una forma de saber que hoy estoy viva, no entumecida, no adormecida, no asustada por el miedo a fracasar. Viva, dispuesta a caer. Igual que el dolor: no hay tan dulce certeza de vivir.

Es simple, en el amor, en la alegría encontrar vida. Todos lo hacen. Pero también es más sencillo equivocarse, aferrarse a la falsa alegría, al falso amor: para sentir, para creer que siento. En cambio al dolor, bueno, tal vez sea más difícil imaginar que inventamos nuestro dolor sólo para tener certeza de vivir, para tener alegría. Yo creo que el verdadero dolor, el que es real, sólo llega, tan fuera de nosotros, tan fuera de nuestro control, que no queda más alternativa que saborearlo lentamente, como aquellos sabores ácidos que pinchan dentro de la mandíbula y hacen que la lengua se haga más fina y dan ganas de tragar rápido, aunque la sensación continua siempre después, aunque sepa que la sensación continua siempre después.