Las mías comenzaron con príncipes azules. No porque fuera lo único importante para mí –de chica soñaba con ir a Harvard– sino porque esto era realmente una fantasía. Mi yo niña creía que jamás iría a suceder.
But life has it's ways… Y creo que tuve mi príncipe azul. Él era un hombre, no era perfecto, y por supuesto, no tenía caballos ni castillos. Creo que nada de esto importa. En cambio, lo que parece indispensable entender, es que la idea se había arraigado tanto en mí, que pronto estuve lista para recibirlo: entonces el llegó.
Ya no sueño con príncipes. Los años volvieron atractivos a hombres menos caballeros y mucho más reales. El problema es que, al no poder materializarlo vívidamente dentro mío, él parece no acudir.
But life has it's ways… Y creo que tuve mi príncipe azul. Él era un hombre, no era perfecto, y por supuesto, no tenía caballos ni castillos. Creo que nada de esto importa. En cambio, lo que parece indispensable entender, es que la idea se había arraigado tanto en mí, que pronto estuve lista para recibirlo: entonces el llegó.
Ya no sueño con príncipes. Los años volvieron atractivos a hombres menos caballeros y mucho más reales. El problema es que, al no poder materializarlo vívidamente dentro mío, él parece no acudir.
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