Crónicas, son las pequeñas cosas de la vida. Poesía o algo así... son imágenes que creé. La lúdica, porque a quién no le gusta jugar de vez en cuando. Pequeñas narrativas son historias... o fragmento de historias, porque se trata de construir. Y, por último, Mis citas preferidas, un viaje por mis lecturas que, espero, quieran compartir.

viernes, 6 de junio de 2008

Twenty-somehting...

"Hoy me siento perplejo, como quien ha pensado y opinado y olvidado."
"Tabaquería", Fernando Pessoa


Título robado de Jamie Cullum, buen jazz, por cierto.

Ahora sí. Resulta que muchas veces me olvido. Es fascinante, el olvido. Yo había empezado con un pequeño pasito de hormiga a construir una idea. Hubo veces que construí durante días enteros, de a poquito, todo chiquito: hasta tener una montaña de granitos de arena.

Hubo viento. Todos volaron. Tuve que empezar de nuevo. Es fascinante, el olvido ¿Cómo construyo un castillo, si esa montaña, ya se voló? Imaginalo, es difícil, es largo, es solitario: y al final, solamente un castillo, que no es un hogar: es una extravagancia del cuerpo.

Necesito juntar todas mis fuerzas para no construir castillos. Ni montañas. Algo que perdure, sí, algo que sea calentito, sí, algo para ella, sí. Algo para mí, también.

lunes, 2 de junio de 2008

El Perseguidor, Julio Cortázar.

Aprovecho que Her ya recompiló las mejores citas de este cuento y les dejo acá un link a su blog. No lo pude evitar, y de comentario agregué mi preferida, que la dejo también en está página porque, incluso, merece ser leída dos veces:


"Comprendo que le enfurezca la idea de que vayan a publicar Amorous, porque cualquiera se da cuenta de las fallas, del soplido perfectamente perceptible que acompaña algunos finales de frase y sobre todo la salvaje caída final, esa nota sorda y breve, que me ha parecido un corazón que se rompe, un cuchillo entrando en un pan (y él hablaba del pan hace unos días). Pero en cambio a Johnny se le escaparía lo que para nosotros es terriblemente hermoso, la ansiedad que busca salida en esa improvisación, llena de huidas en todas direcciones, de interrogación, de manoteo desesperado. Johnny no puede comprender (porque lo que para él es fracaso a nosotros nos parece un camino, por lo menos la señal de un camino) que Amorous va a quedar como uno de los momentos más grandes del jazz. El artista que hay en él va a ponerse frenético de rabia cada vez que oiga ese remedo de su deseo, de todo lo que quiso decir mientras luchaba, tambaleándose, escapándosele la saliva de la boca junto con la música, más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue."

Vale la pena, realmente, entrar a ver el resto a http://progresivonoprogresista.blogspot.com/2008/05/gracias-julio.html

El cuento completo está en Las armas secretas, junto con otros también impecables, como Las babas del diablo y Las armas secretas.

domingo, 1 de junio de 2008

The Music Of The Night - The Phantom Of The Ophera, Andrew Loyd Weber

"Nighttime sharpens, heightens each sensation
Darkness stirs and wakes imagination
Silently the senses abandon their defenses

Slowly, gently, night unfurls its splendour
Grasp it, sense it, tremulous and tender
Turn your face away from the garish light of day
Turn your thoughts away from cold, unfeeling light
And listen to the music of the night

Close you eyes and surrender to your darkest dreams
purge your thoughts of the life you knew before
Close your eyes, let your spirit start to soar
And you'll live as you've never lived before"

"Let your fantasies unwind
In this darkness which you know you cannot fight
The darkness of the music of the night
Let your mind start a journey through a strange, new world
Leave all thoughts of the life you knew before
Let your soul take you where you long to be!
Only then can you belong to me"


"Let the dream begin,
Let your darkest side give in,
To the power of the musice that I write...
The power of the music of the night"

"You alone can make my song take flight
Help me make the music of the night"

El otro, Jorge luis Borges

El fragmento que más me gustó del cuento que leí ayer:

"El hecho ocurrió el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón."

Abigal

“Entonces las voces de los Ainur, como de arpas y laúdes, pífanos y trompetas, violas y órganos, y como de coros incontables que cantan con palabras, empezaron a convertir el tema de Ilúvatar en una gran música…”
J.R.R Tolkien



Ainur



I.


Es un engaño, la percepción. El silencio no es más que una simple evidencia de la limitación humana. En el universo no hay silencio.

Si fuera delfín, en el agua escucharía el movimiento de los seres alrededor mío. Acá el aire no trasmite. No percibo, no escucho, casi nada. Imaginame en el agua girando, avanzando, como una ola que quiere y no quiere llegar a la orilla porque es su destino y su fin al mismo tiempo. Imaginame como un torbellino, enredada en el agua que nunca enrieda, escurridiza. El agua se siente en el cuerpo, suave, te toca. El aire no. Sin embargo. Si corro puedo sentir el aire golpear contra mi cuerpo, yo avanzando desesperada y cada partícula, cada molécula golpeando contra mí, quiere detenerme, friccionarme, yo corro igual contra él, una gran pelea: pero lo siento. Por lo menos, lo siento.

No percibo, no escucho, casi nada. No cuando estoy en un banco, en una plaza, mirando el cielo. Al lado hay otro y está pensando cómo necesito que me extiendas una mano y sentir el apoyo, mutuo de los dedos, entrelazados. Piensa, pero yo no escucho. Extender una mano, extendeme una mano, a mí me gustaría que hoy, vos pudieras ver que yo necesito que me extiendas una mano; sólo tu mano abierta, invitándome, alcanzaría.

Igual que no puedo, escuchar, cuando el viento no mueve las hojas y cuando él todavía no llegó a casa. A veces intento, escuchar, que él no llegó. ¿Cómo suena? Es sórdido. A veces. Es libre. A veces. Pero no es eso, no el silencio, sino yo que me escucho, pero no a él que todavía no llegó.


Hay una música. El sonido del tiempo que corre tiene ritmo. Late. Pero no sé cómo suena.


Si supiera.


No hay silencio. Sólo una música que fluye. Como agua.


II.


No hay silencio. Sólo percepciones diferentes. La música del universo cuenta una historia que sólo puede ser oída una vez. Abigal es eterna. La escucha un ser eterno. Juegan a que él la escucha a cuando en realidad. En realidad, ella le pertenece. La música, la historia. Y sin embargo, juegan, ¿por qué no habrían de hacerlo? La música está y él también, y qué otra cosa…

Juegan a contar una historia que no necesita ser contada, porque él ya la conoce y ella es, en esencia, esa misma historia. Una voz que no dice palabras; sólo fluye, bella. Se parece mucho a aquellos sonidos que escuchamos dentro nuestro y nunca fuera. A la fantasía de una voz.


Ella y él son en realidad la misma cosa.



III.


Se parece mucho a la fantasía de una voz. Si tuviese que describirla mejor, diría, sin duda, que es blanca. No podría ser de otro color. Porque contiene todo y cuando la luz de él la atraviesa se ven en ella todos los colores del universo.

Un día, de hecho, hace ya mucho tiempo, la luz de él la atravesó y los colores salieron de Abigal salpicando. Como manchas se distribuyeron en el espacio pegándose en las cosas que ya había. En ese momento se salpicó el agua de azul profundo. Podría haber sido púrpura aterciopelado, pero esto, simplemente, no ocurrió. El cielo, por ser casi inmaterial, tomó pequeños pedazos de varias manchas y por ello cambia siempre sus colores.

Pero los colores estaban cargados de energía de él y eran inquietos. Rápidamente empezaron a pegotearse unos con otros, armando nuevos. Y a medida que se chocaban y se recreaban iban excitándose y contagiándose. Imaginalos bailando, una danza primitiva. Ellos se tocan, se acercan, cada vez más, unos a otros. Bailan, irradian energía. Tienen cuerpo, tienen forma. En ese instante se vuelven desesperación se arrancan partes, unos a otros, mordiendo, jugando peligrosamente, gritando, tomándose con fuerza. Para ser.


Entonces hubo.


Por primera vez. Vida.



IV.


Es fácil equivocarse y creer que yo también puedo ver el azul profundo. O los colores del atardecer. Jamás voy a verlos como se salpicaron aquel día cuando sólo eran colores y no óleos carmín o margaritas amarillas o barro marrón.

Ser color está atado a un objeto. Hay cosas que no se pueden ver. El azul no se ve. Simplemente no se puedo, no es factible, realizable. Pero. ¿Si están? ¿Si fueron? ¿Si existen?

Conservarían su esencia. La danza que los volvió vida. Jugarían por el mundo correteando. Saltarines. Una vez al año se reunirían para recordar el día en que bailaron, todos juntos, perdidos en el algún lejano glaciar. Tal vez con la primera luz del solsticio de verano. Un alba diferente, especial, que ilumina colores diferentes. Es casi un día continuado, sólo ellos saben el momento exacto. Lo perciben. Lo huelen en el aire helado. Entonces sienten la energía llegar. Empiezan vibrando, mientras la luz cambia y el ambiente se tensa. Cada instante que pasa, el aire se hace mas denso, más corpóreo. Son ellos que se transmiten unos a otros, se comunican. De repente la tensión se hace insoportable; y entonces explotan y comienzan a danzar. Corren. Saltan unos sobre otros. Apenas se rozan. Ya no pueden tocarse. Ya no pueden mezclarse. Tienen que conservar la vida que son.


Y eso, es lo más difícil que se puede imaginar.
Extendés tu mano para realizar ese movimiento preciso con un fin premeditado, conseguir esa reacción en el otro. Atraerlo. Hacerlo creer que puede, que está cerca. Pero es una simple trampa, una forma más de llegar a donde querés, al otro lado, donde te esperan con las mismas ideas e intenciones (aunque inocentemente no quieras creerlo).

Vivís ese momento como si estuvieras adentro y sentís la atracción, la técnica, el ida y vuelta, el contraste, lo bueno y lo malo, que existen sólo momentáneamente para cambiar cada vez que comenzás de nuevo. Cada lugar, cada parte es importante; Tan real como delicada. Parece insignificante pero puede convertirse en protagonista. A veces es como tomar el control y ser el rey, otras es dejar que te dirijan y avanzar lentamente.

Es una guerra que no daña a nadie porque los jugadores están intrincados y entrelazados. Se suceden, en tensión palpable.

Fijás tus ojos en el otro, intentando predecir, adivinar. Pero no podés. Tu mente intenta vanamente pensar. Influirlo, desconcertarlo. Pero el también quiere atraerte y sabe, sabe cómo hacerlo. No podés resistir, necesitás hacer ese movimiento y entonces, escuchás al otro que feliz te dice: Jaque Mate.